Tanto los Filósofos Estoicos, como en el Budismo, como en el Cristianismo, como Eckhart Tolle, como Byron Katie, nos hablan de la importancia de la Aceptación. El estoicismo y Byron Katie insisten en la importancia de diferenciar lo que depende de ti y lo que no. Y de centrarse solo en lo que depende de ti. En posts previos he estado aclarando algunas confusiones que esto genera, ya que es una idea que al principio nos rompe la cabeza, despedaza nuestra forma de pensar y reaccionar habitual.

¿Quiere eso decir que si alguien abusa de nosotros, si nos trata mal (sea pareja, jefe, hijo, o quien sea), debemos aceptar y no hacer nada? ¿simplemente aguantarnos? Nada más lejos de la realidad. La Aceptación no tiene nada de debilidad, de cobardía, ni de pasividad.

Veamos lo que quiere decir Aceptar. Es admitir, recibir algo. ¿El qué? Pues lo que Es. Es decir, lo que YA es. Y eso significa, lo que ya está en el pasado, porque puede estar en el pasado de hace un nanosegundo. Pero si ya ha ocurrido, no puedo cambiarlo.

De mí no depende lo que la otra persona haga o diga. De mí depende lo que yo haga o diga Vamos a suponer el caso de abuso, emocional, físico o el que sea. Una persona te trata mal, te desprecia, te rechaza, te manipula, y quizá te grita y te insulta. Pero luego dice que te quiere, que te ama, que lo hace por amor, y que nadie te volverá a querer como él o ella. Vamos, un abuso de libro. Si abrimos los ojos, y aceptamos lo que vemos, la realidad, lo que ha ocurrido, atreviéndonos a ver la realidad de frente, nos daremos cuenta de que es un abuso. Y puede que si está empezando, dejemos pasar dos o tres cosas, demos una oportunidad. Pero a la de tres, o a la de cuatro, si eso continúa, si no podemos poner límites, tenemos que poner distancia. Sin quedarnos a esperar que la otra persona cambie (que no lo va a hacer). Atreviéndonos a mirar a la realidad de frente, cara a cara. Aceptando que eso es lo que lo que ha ocurrido y, que por lo tanto, está en el pasado y no lo podemos cambiar. Y si esa persona, de forma consistente, nos da eso, tener amor propio, tener orgullo sano, valorarnos para poder poner distancia. Porque lo mejor que podemos hacer en una situación es poner distancia, no intentes nunca discutir, no intentes nunca ser más astuto, no intentes cambiarle, no intentes ganar. No lo vas a hacer. Pon distancia. Márchate.

Aceptamos lo que ha ocurrido, aceptamos que esa persona es así, aceptamos que no la podemos cambiar, aceptamos que no queremos eso, y nos vamos. ¡Eso es la Aceptación! Y me preguntáis en muchos mensajes. Pero ¿y si es mi hijo? ¿y si es mi madre? Pues sería lo mismo. Si no quieres romper la relación del todo, puedes establecer una mayor distancia, no veros con tanta frecuencia, y no hablar tanto por teléfono. Si tienes fuerza de carácter pon límites, aléjate, marca distancias. Pero si no tienes esa fuerza de carácter, ni siquiera tienes que dar explicaciones… di que no puedes, que tienes otras cosas, o di que te afecta mucho hablar de esas cosas que lo sientes mucho, que eres demasiado débil y cuelgas o te marchas. ¿Es fácil? No, no lo es. Y muchas personas necesitan psicoterapia para poder dar ese paso.

NO CONFUNDAS LA ACEPTACIÓN CON CONVERTIRTE EN LA VÍCTIMA PROPICIATORIA

En tiempos primitivos no eran infrecuentes, en algunas culturas, los sacrificios humanos. Por ejemplo, si había un volcán, o si había sequía, o si había inundaciones, se creía que estos sacrificios calmaban la furia de los dioses. Si, como era lógico, a pesar de los sacrificios, volvía a haber sequía, o inundaciones, o terremotos, o estallaba el volcán, no se pensaba que no tenían nada que ver, sino que se pensaba que no se habían hecho suficientes sacrificios y se realizaban aún más.

No seas tú la víctima propiciatoria del volcán de la ira de quién sea en tu vida. Tienes que comprender que lo que tú hagas no tiene nada que ver con sus estallidos, por más que te sacrifiques, por más que te arrojes a la lava (haciendo lo que quiere, pidiendo perdón, gastando dinero en regalos, dando cumplidos, trabajando con ahínco), da lo mismo, tus sacrificios no calmarán su ira, su desprecio, o su rechazo, de la misma manera que los sacrificios humanos tampoco calmaban al volcán.

LA FALACIA DEL COSTO HUNDIDO

Se produce, además, un fenómenos psicológico curioso, del que todos podemos ser víctimas. La Falacia del Costo Hundido. Es un sesgo de pensamiento, por el que valoramos mucho algo que nos ha costado mucho trabajo. Debido a ese sesgo seguimos invirtiendo tiempo y esfuerzo en una inversión, trabajo o relación, en la que hemos puesto mucho tiempo, esfuerzo o dinero. Es un «esto tiene que funcionar», y seguimos insistiendo e insistiendo en una decisión nada racional ni positiva para nosotros. «Con todos los años de sacrificio que he puesto», «si tiro lo toalla significaría que estos años no han valido». Y esos pensamientos, irreales, irracionales, ese sesgo, nos impide ver la realidad, nos impide desprendernos del pasado, alejarnos de lo que es negativo. Sabemos racionalmente que es una mala relación, un mal trabajo, pero una parte de nosotros se empeña en recuperar todo lo invertido. ¡Y fracasa porque es como pedirle al volcán que se calme cuando tú te arrojas a sus llamas!

VALENTÍA Y AMOR PROPIO

La aceptación implica valentía, atreverse a mirar a la realidad de frente. Y también amor propio, sano orgullo, para tomar buenas decisiones que nos alejen del volcán dañino. Si encuentras que en tu vida te tienes que arrojar al volcán con frecuencia, ve pensando en mudarte a otro sitio donde no haya volcanes.

Busca ayuda psicológica, dependiendo de cómo sean las circunstancias y el tiempo que lleves en esa situación, la vas a necesitar.

Y si esta situación está empezando, ten coraje, mira a la realidad de frente, y márchate, pon distancia. No dejes que avance. Cuando lo haces, y dejas el pasado atrás, es cuando aceptas y encuentras paz, otra vez, en tu corazón.

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